Escrito por Rodrigo Cetina Presuel Viernes, 20 de Enero de 2012 21:16
El miércoles pasado, Internet levantó la voz en contra de la posible aprobación los proyectos de ley conocidos como SOPA (Stop Online Piracy Act) y PROTECT IP (Preventing Real Online Threats to Economic Creativity and Theft of Intellectual Property Act of 2011) por parte del Congreso y Senado de los Estados Unidos, respectivamente. La protesta ha tenido un fuerte impacto, incluso entre legisladores que antes la apoyaban.
Varios grandes de Internet (Wikipedia, Google, entre muchos otros) manifestaron su rechazo a dichas normativas, que son impulsadas a su vez por organizaciones que defienden los intereses de la industria de contenidos en EEUU (MPAA, RIAA, entre otros). Internautas de todo el mundo han mostrado su rechazo a las propuestas de ley. Según Twitter, ha habido más de 3.5 millones de tweets al respecto.
En lo que respecta al contenido tanto de SOPA como de PROTECT IP ya ha habido bastante difusión y en la red podemos encontrar varios resúmenes que explican su contenido muy bien (Me gusta este de Reddit que está en inglés y aquí hay un resumen en español).

Qué está en juego
Me dirijo especialmente a los internautas individuales. ¿Sabemos todos por qué estamos protestando? Y más importante aún, ¿Sabemos por qué debemos protestar? ¿Sabemos qué es lo que realmente está en juego?
Es nuestro derecho y nuestro deber como ciudadanos oponernos a cualquier legislación que atente contra nuestras libertades fundamentales y contra cualquier legislación que vaya en contra del bienestar de la sociedad en su conjunto con la sola intención de proteger industrias y maneras de pensar y hacer que hoy resultan obsoletas.
Me uno al consenso general de que tanto SOPA como PROTECT IP (o PIPA como también se le llama) son legislaciones que van en una dirección totalmente equivocada y peligrosa (Imprescindible esta TED Talk de Clay Shirky a propósito de esto último). Yo también creo que dichas leyes, que intentan acabar con la llamada piratería, simplemente no lo lograrán con los métodos propuestos. Coincido también al cien por cien en que aprobar Leyes de ese estilo es una idea terrible (también lo es la Ley Sinde en España o la iniciativa conocida como Ley Döring en México) y que desvirtuará la esencia de Internet, inhibirá los derechos a crear, acceder y compartir la cultura y el conocimiento que la red ayuda a garantizar, desincentivará la innovación y tendrá un impacto nefasto en la libertad de expresión, la comunicación libre e interactiva y en la presunción de inocencia. Me opongo también, porque creo que una legislación nacional tendrá consecuencias irreparables en el ámbito internacional pues en Internet no se entienden las fronteras como se entienden entre los países.
Contra todo lo anterior definitivamente tenemos que levantar la voz. “Los Derechos y las Libertades o se usan o se pierden” que diría Carl Sagan.
Con lo que yo no puedo estar de acuerdo es con aquellos que cuando escuchan “acceder y compartir cultura y conocimiento” entienden “descargarme todas las películas, música y libros que quiera sin dar un céntimo a los creadores”.
El protestar porque una legislación hará imposible un sitio como Youtube me parece lo más correcto. Yo también protesto. Pero el protestar porque me harán más difícil (aunque dudo que algún día imposible) descargarme la última película de Michael Bay o de Lars Von Trier o el último CD de los Black Keys es algo que no comparto. Y es algo que me preocupa sobre todo si la protesta es motivada por esa película o ese álbum que ya no podré descargar sin pagar y no la defensa de nuestros derechos fundamentales y la protección de esa esencia libre y abierta de Internet y esa fascinante cultura del compartir y remezclar. (Tomando en cuenta que este artículo está repleto de links, podríamos afirmar que en sí, el mismo es una remezcla).
Aceptémoslo de una buena vez. La piratería en Internet es un problema. Como bien dice Loreto Corredoira, es un “problema con varias aristas”, más complicado que un “la gran y malvada industria contra el usuario amante de la libertad”.
Yo, como creo que muchos, no tengo mucha simpatía por el gran ejecutivo de un estudio de cine gigante que espera ganar miles de millones (nunca he entendido para qué hay que comprar tres Ferraris si un Toyota marchan muy bien) y que encima fomenta una industria de contenidos que no impulsa la creatividad, sino el consumismo, ¿cuántos remakes y adaptaciones de juguetes de los 80 nos quedan por sufrir?
Por quien si tengo simpatía es por los creativos que lo que quieren es llevar el pan a la mesa a través de sus guiones, películas, música, libros, artículos periodísticos, etc. Tienen derecho, como todos, a escoger libremente un trabajo digno y a recibir una compensación que les permita llevar una vida decente a ellos y a sus familias.
Protestamos porque defendemos nuestro derecho fundamental a la libertad de expresión, pero también tenemos que dejar que los que se ganan la vida creando contenidos, disfruten de su derecho fundamental al trabajo y a disfrutar del producto de éste.
Falsos chivos expiatorios
De paso, la Industria de contenidos podría dejar de utilizar como chivos expiatorios a los creativos diciendo que no tienen que comer por culpa de la piratería cuando esta misma industria los tiene desde hace mucho tiempo en la precariedad, cobrando dinero negro, como falsos autónomos, recortándoles salarios o no pagándoles lo que merecen por su trabajo. De aquí mi falta de simpatía por el Sr. Tres Ferraris.
Estoy de acuerdo con que hace falta replantarse las leyes de Propiedad Intelectual que nos rigen ahora mismo y suscribo totalmente aquella frase de que no se puede pretender regular Internet con leyes que lo que pretendían es regular sobre la imprenta. Creo que debe replantearse el modelo de licencias y contratos que rigen sobre la distribución de obras a través de Internet.
Creo que debe de permitirse un mayor y mejor acceso a la cultura y al conocimiento (Derecho Humano), mención especial a los contenidos utilizados para la educación e investigación, y que para esto Internet es la herramienta perfecta. Debe haber un equilibrio y flexibilidad en la legislación que permita los usos justos, el compartir bajo ciertas reglas y de manera razonable y que siempre se busque incentivar y fomentar la creatividad (otro Derecho fundamental, el derecho a crear). Debe también revisarse si está realmente justificado el largo tiempo que tarda una obra en pasar al dominio público.
No creo, sin embargo, que el camino sea seguir defendiendo a sitios que utilizan la vulneración de derechos de autor y propiedad intelectual que pertenecen a terceros como vía para obtener un lucro. Hacen daño. Hay gente honesta que quiere ganarse el sustento con la creatividad propia. Hay gente deshonesta que quiere ganar dinero con lo que han creado otros. Esto no es la cultura del compartir ni el acceso libre a la cultura.
A mi modo de ver, los grandes lobbies de la industria del contenido y otras organizaciones que se supone representan los intereses de los creadores tienen un enfoque fundamentalmente equivocado. No hace falta endurecer las leyes de propiedad intelectual, hace falta replantearlas para que haya un equilibrio y todas las partes salgan beneficiadas.
La industria se equivoca al enfocar la cuestión hacia cómo aferrarse a su antiguo modelo de negocio, falla gravemente al no entender a su público. El periodista Gabriel Sama lo pone mejor de lo que yo podría: “si la gente va a compartir contenidos y verlos/utilizarlos gratuitamente ¿Cuál es el modelo de negocio?”. Esta es la pregunta que deberían hacerse.
He visto como de primera mano servicios como la plataforma de videojuegos Steam han hecho que gente que acostumbraba descargarlos sin pagar comience a pagar por el contenido, a base del plus del juego en comunidad, un buen servicio y ofertas sumamente atractivas. Yo, por ejemplo, en los Black Fridays de 2010 y 2011 he comprado suficientes juegos que me interesaban, a precios más que razonables y que me mantendrán ocupado por otro buen número de años. ¡Las ventas de Steam han crecido un 100% durante siete años consecutivos!
Lo mismo con Spotify. Pago 5 euros al mes y tengo una oferta de música que para mí es más que suficiente y además, puedo acceder a mis contenidos sin problemas esté en México, Madrid o Nueva York, lugares en donde he estado residiendo alternativamente los últimos tres años. En EEUU, por ejemplo, veo que en cuanto a películas y series, Netflix y Hulu no lo tendrán todo pero me parece que la gente está contenta. Con una buena oferta, el consumidor reacciona.
El problema con la industria del contenido es que no parece gustarles que sean terceros los que hayan dado con un modelo efectivo. No les gusta Spotify. No les gusta Steam. No les gusta Netflix.
Estas plataformas de distribución ciertamente no son perfectas pero son una opción al modelo antiguo de distribución y un incentivo para disminuir la piratería. Si a la industria no les gustan, siempre pueden concentrar sus esfuerzos en ofrecernos algo mejor en lugar de gastar energías persiguiendo y criminalizando a los usuarios o promoviendo leyes que lo que terminarán por cargarse a Internet y de paso pisando nuestros derechos fundamentales.
La noción de que el proteger a un grupo de empresas particulares da derecho a pasar por encima de la libertad de expresión, el derecho de acceso a la cultura y la presunción de inocencia es una aberración. La Industria de los contenidos tiene que desechar esta idea. Tiene que entender que Internet es un avance tecnológico que ha transformado al mundo y bien usado trae beneficios para todos, incluidos ellos. Querer cargarse a Internet para proteger sus ingresos es una patraña.
Pero también es una patraña el creerse que la falta de una oferta cultural que sea a la vez legal y convincente da derecho a consumir contenidos sin pagar por ellos. Y también es muy ingenuo el pensar que la mayoría de los sitios “piratas” están motivados por el afán de distribuir cultura libremente y no lucrar con obras protegidas. La tecnología que han creado tiene usos positivos (compartir archivos eficientemente lo que puede contribuir a difundir mejor contenidos y cultura) pero el lucrar con la propiedad de otros no es uno de ellos.
Defendamos lo que tenemos que defender. No permitamos que coarten nuestras libertades fundamentales y no permitamos la existencia de leyes como PIPA o SOPA que además de amenazar esas libertades, desvirtuarán la esencia libre y abierta de Internet hasta convertirlo en un trasto inútil, al servicio de la clase política o las grandes empresas. No permitamos una situación como la que se vive en China o Irán.
Participemos del diálogo público y exijamos leyes equilibradas que permitan proteger a los autores y a sus obras contra usos indebidos pero que al mismo tiempo permitan la innovación y la posibilidad de participar de la vida cultural de nuestra sociedad y a compartir y reutilizar razonablemente los contenidos culturales.
Mientras escribía estas líneas ha saltado la noticia de que han cerrado Megaupload. Por supuesto sobre las reacciones que esto ha provocado, también creo conveniente opinar.
Lea la segunda parte a Propósito del cierre de Megaupload.
Candidato a Doctor en Derecho de la Comunicación y la Información por la Facultad de CC. INF - UCM. Profesor de Derecho en el Grado de Publicidad del Centro Universitario Villanueva de Madrid, Máster en Abogacía Internacional IEB-ISDE, Licenciado en Derecho por la Universidad Marista de Mérida. Es socio Fundador de INNTED. Es Especialista en Derecho de los Medios Online, protección de datos personales, propiedad intelectual y la Libertad de Expresión en las TICs. Desde 2008 colabora con e-Televisión y ha impartido talleres de alfabetización digital para Teleclip TV en Madrid y Nueva York. Es editor del Observatorio TICs de esta Cyberlaw Clinic.
Contacto: rodrigo.cetina@gmail.com